Twitter y Facebook borran mil cuentas falsas de la propaganda china contra las protestas de Hong Kong

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En estos tiempos acelerados de adicción al móvil, las batallas ideológicas no se libran con argumentos, sino con retuiteos y pulgares alzados en las redes sociales, sin importar que lo dicho sea cierto o no. Al ser Hong Kong uno de los lugares del mundo más «enganchado» a estas nuevas tecnologías, las protestas democráticas que empezaron hace dos meses contra la ley de extradición a China tampoco han escapado a este «debate» en internet, por llamarlo de alguna manera. Una discusión en la que escasea el diálogo y abundan las ya ineludibles «fake news», como suele ser habitual en el gallinero de las redes sociales.

Para poner coto a esta desinformación, Twitter ha anulado 936 cuentas abiertas dentro de China al sospechar que operaban para la propaganda del régimen. «Estas cuentas estaban deliberada y específicamente tratando de sembrar las desavenencias políticas en Hong Kong, incluyendo socavar la legitimitad y las posiciones políticas del movimiento de protesta sobre el terreno», anunció la red social este lunes. A tenor de sus «intensivas investigaciones», Twitter tiene «pruebas fiables para apoyar que se trata de una operación coordinada por el Estado». Aunque muchas de esas cuentas habían sido creadas con una VPN, una conexión a un servidor de internet en el extranjero que permite sortear la censura china, otras operaban directamente con una dirección IP no bloqueada, lo que hace pensar que las autoridades están detrás de ellas.

Este millar de cuentas forma parte de una campaña mucho más extensa, ya que Twitter también ha suspendido otras 200.000 cuentas antes de que entraran en servicio. Aunque las redes sociales occidentales, como Twitter, Facebook, Youtube e Instagram, están bloquedas en China, los medios oficiales las usan ampliamente tanto en mandarín como en otros idiomas para difundir la postura del Partido Comunista. Controlada por la propaganda, la Prensa oficial está «vendiendo» las protestas democráticas de Hong Kong como una «revolución» por la independencia, que no es, y cargando las tintas en la violencia de los enfrentamientos con la Policía y en el impacto en la economía. Pero no en los motivos, la suspendida ley de extradición a China y los temores a perder libertades bajo un régimen autoritario, ni en la multitudinaria asistencia a las manifestaciones pacíficas. Esa es la visión que, tras pasar por el filtro de la censura, ofrecen las redes sociales chinas, como Weibo y WeChat, donde las opiniones contrarias son rápidamente borradas o ni siquiera se pueden colgar. Pero, para contrarrestar la opinión en el extranjero, parece que Pekín ha lanzado esta masiva campaña de desinformación en las redes occidentales.

Con un alarde de «neolengua» que sorprendería al propio Orwell, la propaganda china incluso ha adaptado el famoso poema contra el nazismo «Primero vinieron…» para criticar a los manifestantes de Hong Kong. Todo un «doble pensamiento» para un régimen que hace exactamente lo que denunciaba el pastor luterano Martin Niemöller en la Alemania de Hitler: perseguir a los disidentes y censurar la libertad de información.

«Comportamientos manipuladores y encubiertos no tienen lugar porque violan los principios fundamentales sobre los que se ha construido nuestra compañía», denuncia Twitter, que se compromete a «entender y combatir cómo actores de mala fe usan nuestros servicios». Además, la red social dejará de aceptar anuncios pagados de los medios oficiles chinos para lograr más difusión. Según el periódico «South China Morning Post», 326 de las cuentas borradas tenían más de 10.000 seguidores y algunas casi 300.000, pero la mayoría no llegaban al centenar.

De igual modo, Facebook ha borrado siete páginas, tres grupos y cinco cuentas por su «comportamiento coordinado y no auténtico como parte de una pequeña red originada en China y enfocada en Hong Kong». En esas páginas, que tenían 15.500 seguidores, se llamaba a los manifestantes «cucarachas», lo mismo que decían los hutu de los tutsi en el genocidio de Ruanda, y se les acusaba de haber dejado ciega a una joven, que al parecer fue alcanzada por una pelota de goma disparada a corta distancia por la Policía.

Desde que fueron acusadas de servir para la difusión de propaganda y desinformación rusa en las elecciones de Estados Unidos de 2016, en ocasiones mediante pago de anuncios, Facebook y Twitter están bajo escrutinio por dar voz en ocasiones a evidentes «noticias falsas» de regímenes no democráticos. Aunque Facebook no prohibirá los anuncios pagados de medios estatales, promete más transparencia y control.

El Gobierno pide diálogo

Dos días después de que cientos de miles de personas – hasta 1,7 millones según los organizadores – desafiaran la prohibición policial de manifestarse por las calles, la jefa ejecutiva del Gobierno local, Carrie Lam, ha ofrecido diálogo. «Nos comprometemos a escuchar lo que la gente tenga que decirnos. Creo que es una expresión muy sincera de mi esperanza en dialogar con diversos sectores de la sociedad», prometió Lam, muy criticada por la gestión de esta crisis política que tiene a Hong Kong revolucionado desde junio.

Tras los entrentamientos violentos del último mes, la oposición quiere aprovechar la marcha pacífica del domingo para presionar al Gobierno con sus demandas: retirada total de la ley de extradición a China, anulación de la definición de «revuelta» y sobreseimiento de los cargos para los detenidos, apertura de una investigación independiente sobre la actuación policial y reabrir el proceso democrático para alcanzar el sufragio universal.

Aunque Lam asegura que la ley de extradición está suspendida y no se volverá a tramitar, sigue negándose a cancelarla oficialmente y solo propone «una plataforma de diálogo» y un estudio del uso de la fuerza, pero dentro de la propia comisión que tiene la Policía para investigar las denuncias de los ciudadanos. Ahora está por ver si esta oferta es suficiente para mantener la tregua de los choques con los antidisturbios el fin de semana, para el que se preparan nuevas movilizaciones como una gigantesca «cadena humana».