El fin de los tiempos

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“Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos…” es la primera línea de la novela de Charles Dickens. Y parece que Historia de dos ciudades de 1859 es la historia del planeta, hoy.

El mejor de los tiempos porque la mitad de la población global es considerada “clase media” o “rica”. Porque la expectativa de vida para los nacidos en esta década está sobre los 120 años. Porque más gente muere por obesidad que por conflictos armados.

El mejor de los tiempos porque una serie de televisión –Our Planet de Attenborough– redujo el consumo de plásticos de un solo uso en EE.UU. e Inglaterra. Porque una miniserie web –Onceavo mandamiento– motivó una ley para evitar el desperdicio de alimentos en Ecuador.

Porque un camposanto en Guayaquil promueve un bosque cinerario, donde los restos corporales se convierten en árboles. Porque los Premios Latinoamérica Verde siguen creciendo.

Pero también es el peor de los tiempos.

Porque solo tenemos 12 años para reducir las emisiones de CO2 –según un reporte especial de Naciones Unidas–. Porque vivimos una extinción masiva –según Elizabeth Kolbert, en La sexta extinción–. Porque solo queda un 13% de océanos sanos –según David Wallace-Wells en The Uninhabitable Earth–.

El peor de los tiempos, porque el IPCC revela que los humanos ocupamos el 70% de la superficie terrestre, deforestando los pulmones del planeta.

Porque el cambio climático –de origen antropocéntrico– afecta la seguridad alimentaria. Porque los temas socioambientales son curiosidades o asuntos coyunturales en las coberturas mediáticas.

El peor de los tiempos porque hacemos poco para cambiar nuestros hábitos consumistas. Porque preferimos desperdiciar comida que alimentar. Porque, ante la concienciación del desperdicio de alimento en el campo –como con el lactosuero– la respuesta civil fue cuestionar “onceavo” porque se dice “decimoprimero”; y la respuesta gubernamental… aún no existe.

Es el mejor de los tiempos y es el peor de los tiempos, porque la supervivencia de la especie no depende de la tecnología, ni de la política, ni de la religión. Es conceptual.

Debemos empezar a pensar, en serio, en la posibilidad de que sea el fin de los tiempos. Aun si creemos que podemos evitarlo. Porque podemos.

La pregunta que le hago es: ¿En qué lado de la historia quiere estar? (I)