Juego de guerra en la vecina Shenzen para asustar a Hong Kong

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Enviado especial a ShenzhenActualizado:

A solo 30 kilómetros de Hong Kong, al otro lado de la frontera con China, espectaculares rascacielos con neones brillan sobre la bahía de Shenzhen. A un lado, un paseo marítimo de diseño abarrotado de corredores y parejas. Al otro, concesionarios de Aston Martin y McLaren. Al fondo, a la sombra de un rascacielos que recuerda a la torre Agbar de Barcelona pero mide más del doble, se alza un gigantesco estadio de fútbol que parece sacado de una película de ciencia-ficción.

A su alrededor, al lado de campos infantiles de fútbol, hay aparcados cientos de vehículos militares, entre ellos tanquetas blindadas. Forman parte de un convoy de la Policía Armada china, cuerpo dedicado a sofocar protestas y combatir el terrorismo, que ha acampado en el Centro de Deportes de la Bahía de Shenzhen. Curiosamente, sus varios miles de soldados han llegado a esta ciudad fronteriza cuando se cumplen dos meses de las manifestaciones contra el autoritarismo del régimen de Pekín en la vecina Hong Kong, que parecen no tener fin.

Según la prensa oficial, van a participar en unas maniobras antidisturbios como las que la semana pasada congregaron a 12.000 militares. También se especula con que están ensayando para los fastos previstos el 1 de octubre con motivo del 70 aniversario de la fundación de la República Popular China, que se conmemorará con una gran parada militar en Pekín. Pero su presencia junto a la frontera con Hong Kong supone un claro aviso a los manifestantes para que paren sus protestas.

Retumbando por el eco en los pasillos alrededor del estadio, ocupados por algunas tiendas y restaurantes, los gritos de los soldados en su interior y las sirenas de los vehículos suenan terroríficamente atronadores. «A veces forman mucho ruido, pero no sabemos lo que hacen porque no nos permiten hablar con ellos ni hacerles fotos», nos cuenta con sigilo la dependienta de un comercio junto a una de las puertas del estadio. Aunque sospecha que «están entrenando aquí por las protestas de Hong Kong», no cree que sea «para entrar en la ciudad y atacar a los manifestantes, sino para mostrar el poder del gobierno».

Censura relativa

Sea lo que sea, está prohibido tomar imágenes. Tan pronto como este corresponsal sacó su móvil para hacer una foto, apareció gritando un agente de paisano en una moto de policía y con un escudo en el brazo. Poco después, a otra joven china que hizo lo mismo la obligó a borrar la imagen. Tomadas por un satélite y a cierta distancia, las agencias internacionales han difundido fotos de los ejercicios militares donde se ve a los soldados desfilando en formación y ondeando banderas en torno a sus vehículos.

Al otro lado de las puertas acristaladas, algunos acarrean escudos antidisturbios y otros descansan sobre sacos de dormir en el suelo mientras se entretienen con sus móviles o leen. Muchos de ellos son muchachos de corta edad y poco corpulentos, por lo que no encajan con el prototipo de fuerzas intimidatorias que se envían para aplastar una protesta a sangre y fuego. Tampoco parece que el rancho los vaya a fortalecer mucho. Ataviados con pantalón corto y camisetas de camuflaje, lanzan incursiones en grupo al cercano KFC en busca de sus hamburguesas de pollo.

Aunque el régimen chino ha tildado las protestas de Hong Kong de «terrorismo» y ha recordado que el Ejército está al servicio del Gobierno local, pocos creen que se atreva a enviar tropas para sofocar las manifestaciones. En dos semanas empieza en China el Mundial de baloncesto, que tiene como sedes varias ciudades alrededor de Hong Kong y el propio Centro de Deportes de la Bahía de Shenzhen.

Con el planeta mirando al torneo y la celebración en octubre del aniversario del país, no parece probable que Pekín fuerce una intervención militar que resucitaría los fantasmas de la masacre de Tiananmen en 1989. En pleno siglo XXI, y con los móviles grabándolo todo en una ciudad internacional como Hong Kong, arruinaría la imagen del presidente Xi Jinping. Más bien parecen juegos de guerra para asustar a los manifestantes y que paren sus protestas. Por el bien de Hong Kong, y de China, esperemos no equivocarnos.

¿Tienes fotos de la gente de negro?

En la frontera entre Shenzhen y Hong Kong, ciudad semiautónoma que tiene su propia aduana, la Policía china ha incrementado los controles hasta el punto de revisar los móviles de algunos viajeros en busca de fotos de las protestas.

Entre ellos el de este corresponsal, que fue retenido durante unos minutos. «¿Tiene fotos de la gente de negro?», preguntó un agente refiriéndose al color de las camisetas que llevan los manifestantes. Afortunadamente, todas las imágenes de las protestas habían sido ya salvadas y no hubo que borrar ninguna. Con estos controles, y la censura que impera en los medios chinos, el régimen quiere impedir que se difundan imágenes de las manifestaciones de Hong Kong que puedan inspirar otras protestas similares.