Reino Unido y la Unión Europea negociarán más sobre el Brexit

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La Unión Europea (UE) y Reino Unido acordaron este jueves mantener nuevas discusiones para evitar el temido y cada vez más presente Brexit sin acuerdo, pero aferrados a sus posiciones a menos de dos meses del divorcio.

La primera ministra británica, Theresa May, reiteró la exigencia de su Parlamento, que en enero rechazó el acuerdo de divorcio, de revisar la salvaguarda prevista para Irlanda, algo que el titular de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, rechazó durante su “firme, pero constructiva” reunión en Bruselas.

“Pese a los retos, ambos líderes acordaron que sus equipos deberían mantener conversaciones sobre si se puede encontrar una solución que obtenga el mayor apoyo posible en el Parlamento de Reino Unido y respete las directrices del Consejo Europeo”, según una declaración conjunta, al término de la reunión.

El francés Michel Barnier, que negoció durante casi y año medio en nombre de la UE el acuerdo actual, vuelve al primer plano y se reunirá el lunes con el ministro británico para el Brexit, Steve Barclay, en Estrasburgo, anunció un vocero de la Comisión.

El presidente de la Comisión y la primera ministra acordaron reunirse a fines de febrero para hacer balance de las conversaciones. El 24 y el 25 de febrero, los mandatarios de los 28 países del bloque deben encontrarse con sus pares de la Liga Árabe en Egipto.

La jefa de gobierno conservadora debe reunirse a las 14:00 con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien la víspera generó una oleada de polémica en Reino Unido, al preguntarse sobre “cómo es ese lugar especial en el infierno” para los adalides del Brexit sin planes para llevarlo a cabo.

La líder conservadora, de 62 años, se aferra al mandato de Westminster que le urgió a buscar un “cambio jurídicamente vinculante en los términos de la salvaguarda” ideada para evitar una frontera para bienes entre Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte, según la declaración.

Los diputados británicos quieren evitar que esta salvaguarda, que busca además proteger el Acuerdo de Paz de Viernes Santo de 1998, haga que Reino Unido quede atrapado en las redes de un territorio aduanero con la UE que le impida negociar acuerdos comerciales con terceros.

Aunque este mecanismo solo se utilizaría como último recurso, en caso de no lograrse una solución mejor en la negociación sobre la futura relación entre ambos, Westminster urgió a May a lograr arreglos alternativos para la cuestión de Irlanda con la UE.

Aunque la declaración no detalla las “varias opciones” planteadas por May, Downing Street había asegurado que estas pasaban por fijar un límite temporal al mecanismo, una salida unilateral o el uso de tecnología para controles aduaneros desmaterializados.

La UE ya descartó las dos primeras y, sobre la tercera, duda de su eficacia. Vistos “los acontecimientos en Londres y la inestabilidad en el seno de la política británica estas últimas semanas”, se necesita la salvaguarda, según el mandatario irlandés, Leo Varadkar.

Juncker reiteró así que los 27 socios de Reino Unido “no reabrirán el Acuerdo de Retirada”, pero se mostró en cambio abierto a retrabajar la Declaración Política, que lo acompaña y sienta las bases de la futura relación entra ambos, especialmente en materia comercial, de cara a ser “más ambiciosos”.

Entretanto el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, explicó en una carta a la primera ministra su solución para desbloquear el proceso: la permanencia de su país en la unión aduanera tras el Brexit.

“Esto incluiría la alineación con el código de la unión aduanera, un arancel externo común y un acuerdo sobre política comercial que dé voz a Reino Unido sobre los futuros acuerdos comerciales de la UE”, explicó Corbyn, urgiendo a May a “modificar sus línea rojas”.

El número 2 del gobierno británico, David Lidington, ya descartó la propuesta del político laborista, calificándola de ilusoria.

Con el acuerdo del Brexit en un callejón sin salida, los analistas consideran cada vez más inevitable que se aplace la fecha del divorcio más allá de finales de marzo, pese a la insistencia de la primera ministra británica en respetar los plazos.