Diez Transformistas que no son producto de RuPauls Drag Race

Mi primera aproximación hacia el transformismo fue mediante el miedo. Con mis primos rodeábamos el monitor cual ritual esperando que la interface nos arrojara cualquier cosa que consuma nuestras jóvenes retinas. Entonces el reloj marcaba las once de la noche y los padres justo habían salido hacia un matrimonio, lejos, lejos. Habían dejado la casa sola y abierta hacia la web. Entonces Miguelito tipeo en el buscador de Youtube: Obedece a la… Cuando el video comenzó, no entendía que era lo que estaba presenciando. Un pálido patio donde una niña avejentada bailaba y rebotaba sin tocar el piso, sus pasos calculados pero torpes. Su rostro cuadrado y vacío, iluminando la noche con su mueca de muerta. Trataba de no precipitarme y mostrarme valiente, cool, algo que nunca he sido. Mi morbo no se expandía tanto y a esa edad no conocía de moral. Mis ojos solo se humedecían, listos para ser cerrados. ¿Es un travesti no? Preguntó Juan y sin previo aviso me invadió el asco acompañando de la empírica imagen de dos cavernícolas envolviéndose en mallas y maquillaje barato, haciendo fila afuera del consulado americano. Mi cuerpo intervenido por todas estas sensaciones que no eran tan nuevas pero estas imágenes sí, un abstracto simulacro del pánico. El pánico cubierto de labial, exigiendo que lo toques, que lo apropies. Cuando ya no aguante más las alternaciones entre sus caderas y sus mandíbulas, me levanté y terminé en la cocina, tomando la mayor cantidad de agua que pudiera encontrar, tragando lo suficiente como para poder lavar toda esa mugre con olor a mujer. Esa noche pasó y regresé al internet, me quede ahí, flotando en la adormecida velocidad del hipervínculo. Creciendo entre cuentas y avatares se fue redefiniendo mi idea de perfil y de género, de dos pilares dogmáticos donde la jerarquía judeocristiana tallaba que era un hombre y que era mujer, ahora era una acuarela de colores opacos, un autoretrato, del cual sigo dibujando. En el internet tuve muchos nombres y rostros pero cada que cerraba sesión volvía a mi cuerpo, a mi casa, a mi parroquia, a sus bocas y sus definiciones.

Durante los últimos meses de colegio en mi clase de diseño, escuchaba como un lenguaje tan micro cósmico como el de gay tumblr se reproducía entre los comentarios de mis amigas, o sea los comentarios tipo afeminados siempre estuvieron y eran graciosos pero últimamente tenían una carga más queen y se me hacían conocidos. Hasta que emergió el coro de Lest Have A Kiki y mi mente se repletó de gifs. Reí y de lejos seguí el juego, como se me había enseñado. ¿De qué manera me afectaba? ¿De qué manera yo podía gritar apropiación, si esto en si ya era una apropiación de un performance meramente negro y marginal? Si este show lo veían miles de personas a través de BravoTV o Netflix, desde la comodidad de la heteronormatividad? Si yo nunca he hecho Drag? Si todavía se cree que la manera más funcional de conciencia generar es presentar cuerpos difuminados que se les paga con “exposición” o “tolerancia”? Cuerpos a los cuales no se les permite preguntar quién es el que se beneficia de la constante función, cada vez menos freak y cada vez más show.

El gaypitalismo tiende a acaparar todo tipo de corporalidad y sexualidad dentro de una identidad que se reduce a etiqueta. Un dispositivo reduccionista que pasa a ser una sigla despatologizada y despolitizada que sirve para expandir un vocabulario que se desvive por normar al nombrar. Se reconoce un cuerpo desde una dinámica biológica esencialmente binaria; Hombre/Mujer, Homosexual/Heterosexual, VIH negativo / VIH positivo = muerte, Transexual / Normal. Un quiebre dentro de este panorama de panóptico han sido los estudios de género y la deconstrucción del cuerpo como una tecnología orgánica donde se produce una aproximación mediante el yo. El género que es una contra ideología compuesta por una constante teorización, una ética y un lenguaje performatico ha servido como herramienta sociopolítica y jurídica para erradicar los límites impuestos por instituciones con relación a nuestra identidad. Es importante que en estos debates no reproduzcamos las mismas dinámicas de generalización sobre las diferentes formas de oprimir que vienen con nuestro contexto y cuerpo. La disidencia sexual se gestiona como una dinámica de resistencia con una conciencia y acción interseccional. La racialización, la violencia basada en clase social y la funcionalidad definida desde la capacidad influyen en nuestra construcción de género y discurso alrededor de este. Las experiencias durante la adolescencia de un homosexual blanco que vive en ciudadela a circuito de seguridad cerrado que se educa en un secundario donde se enseña filosofía y tiene la posibilidad de poder estudiar lejos de su propio infierno, no son las mismas experiencias que las que le toca vivir a un joven transgénero que no termina ni desea definirse, que vive en una “invasión” al sur de la ciudad y está en el país en condición de refugiado. Y no se trata de acumular marginalidades para quedar como el más afectado y más merecedor de la tan pronunciada y prometida equidad, sino de visibilizar las diversas maneras en que se compone la diferencia. Todas válidas y merecedoras de una voz en la discusión.

Entonces si se habla de interseccionalidad se puede decir que RuPauls Drag Race sería el programa perfecto para que se generen discusiones en torno al transformismo y su manera de afectar el discurso mediático que se tiene sobre la diversidad sexo-genérica, pero no, el show genera falsas afirmaciones no solo sobre la comunidad drag, sino tambien sobre la comunidad trans, al no establecer claras diferencias. Su constante uso de lenguaje transfóbico trivializa la violencia y la normaliza al nivel de generar un mercado donde este tipo de palabras o referentes toman protagonismo “Shemale” “Untuck Sessions” “Tranny etc. Los mismos televidentes negros se han comenzado a cuestionar si el programa no tiene una alta carga de racismo internalizado, al convertir a las Queens negras en caricaturas que la mayoría del tiempo se ven situaciones donde se las edita poniéndolas en una situaciones donde se las presenta como problemáticas, histéricas del gueto, ignorantes y pretenciosas. La mayoría de personas negras que aparecen en los realities de Estados Unidos (podemos ver en RuPauls que hasta los producidos por ellos mismos), son seleccionadas para una sola función… representar lo más barato y dañino de su cultura, crear una parafernalia de lo que en sus comunidades crea trabas. Lo bueno, lo que genera progreso y cultura directamente de sus manos, los medios blancos lo roban y lo convierten en disfraz, el cual pueden usar y monetizar cuando es conveniente. Cuando los negros afrontan esta constante apropiación, se les responde que dejen de victimizarse, que somos humanos, no el color de nuestra piel, que el racismo ya no es relevante…

Puedo decir que mi percepción sobre la cultura Drag se vio centrada apartir de que vi Paris Is Burning, un documental de Jennie Livingston que registra el día a día de pandillas de transformistas negras y latinas del subdesarrollo niuryoquino que se adhieren a residencias colectivas donde conviven, se educan y defienden mutuamente y así sobreviven las intersecciones de opresiones que se vivían durante los años 80, incluyendo la aparición del VIH y la desaparición de algunos miembros de su comunidad. Durante la noche es cuando se da la interpretación masiva, ya que dentro de estos salones se da una serie de competencias categorías donde modelan y bailan combatiendo no por una corona, sino por reconocimiento y pertenencia. Esta película aparte de haber ganado algunos premios y reconocimientos internacionales también fue un eje elemental dentro de la construcción del clásico texto sobre género y sus problemáticas “Cuerpos que Importan” por la filósofa post estructuralista y feminista queer Judith Butler, quien hoy en dia se ha vuelto el emblema de la teoría queer junto a Michel Foucault, Teresa DeLauretis y Paul B. Preciado.

Para Butler es rescatable y admirable como estas comunidades redefinen las percepciones de género al concientizar sobre códigos y aspectos de masculinidades negras o latinas frente al deseo de sentirse bellas e infinitas. El Drag se vuelve una sublimación del cuerpo, este pasa a ser lienzo y arma en potencia. No es negocio, ni siquiera se puede hablar de un trabajo a medio tiempo, ya que el cuerpo que está siendo entretenimiento, no puede ser objeto, este está siempre cambiando, causando una escena, un cataclismo a la mirada. La exageración y el deseo de aparentar genera rivalidades pero estas nunca llegan a concretarse en violencias físicas, máximo un rumor o una batalla de danza, a la cual suelen llamar Voguing, ya que los pasos y poses parecen sacados de portadas de revistas. Butler resalta como estas comunidades redefinen la visión que se puede llegar a tener de la familia, el nucleo se descompone y nuestra definición se ve forzada a expandirse ante esta tribu donde los afectos y la disciplina se difuminan entre el neon y la lentejuela.

En esta lista quiero revivir ese espíritu de Divine quien fue una de las primeras Queens que reinvindicó lo monstruoso como una nueva forma de glamour. De toda la amalgama de terrorismos que componen su discurso, escoguí esta imagen de un video donde cuestiona ese devenir macho tan común dentro de la cultura gay de los 80s.

  • Vaginal Davis: “La revolucion es mi novio” decía una de sus camisetas con las que empezaba un performance, estableciendo que ni ante el discurso imperante del amor como forma de vida e ideal ella se doblegaba. Estableciendo un vínculo exclusivo solo con la revolución y sus diferentes pliegues. Su provocación se da mediante un erotismo ambiguo y su antagonismo encuentra piso en la cultura pop actual. Considera el aspecto efímero del arte lo único que puede desestabilizar el mercado que se genera a través de él y le declara la guerra a la corporación, al utilizar su cuerpo ansiosamente negro como medio principal de producción de fantasías donde se desmantela la jerarquía del deseo y del consumo.

  • Mia Bonita: Mia Bonita es una propuesta Drag tan surrealista como autobiográfica. Es en ese cuerpo precario y precioso se reviven los infiernos donde un niño es forzado a asimilar una identidad familiar pero lejana; el ser varón y encontrar orgullo en ello. La visión de Mia Bonita se ve violentada durante los procesos de autoconocimiento y apartir de estos como se configura el universo, su misión enamorarse de si misma, encontrar redención en el eco de su palabra liberada. Una cosmogonía que empieza simultáneamente en cada recoveco, una cosmofagía donde se devora cada ícono de autoridad y se regurgita un cuadro del Bosco teñido de Guayaquil.

  • Yolandeando Con Yolanda: ¿Cómo se sobrevive una realidad física y virtual cargada de violencia? Fácil… desdramatizándola! Yolanda es una muy bella mujer que se divierte con los desastres personales y naturales que la rodean, los graba cual selfie y comenta cual crónica de un patriarcado anunciado. Pelucas chinas, ojos de gato, uñas postizas y ponzoñosas interviniendo una tarde el metro de Ciudad de México, Presentando un recital de Ballet profesional en plena plaza de Insurgencias, Quebrando estatuillas que establecen cánones en el medio de la pista de baile. Su comedia cutre se vuelve un lenguaje corporal donde se torna lo subliminal en resistencia mediante gestos cuasi divinos.

  • Marsha P Johnson: Cuando repito su nombre es como si estuviera participando de un nefando revolucionario. Quizás esa misma revolución de la que hablaba Vaginal Davis, una revolución que encuentra cuerpo en el cuerpo que encuentra refugio en redefinirse. Una mujer transgénero que con su mano derecha componía el vestido con el que haría drag en la noche y con la mano izquierda sostenía la primera piedra con la que se cruzaría la madrugada del legado de los disturbios de Stonewall. Entre líder de comunidad, bruja santera y musa de Andy Warhol se repartían sus días, días que todavía no terminan, ya que sigue inspirando no solo obras de arte, sino políticas públicas cada vez más justas e incluyentes.

  • The Divine David: Lo político es personal, lo político es propio, lo político es exhaustante. Autodenominada una fabulosa anarco-socialista, The Divine Davis comienza por decorar y criticar cada aspecto de la existencia occidental organizada por el capitalismo, específicamente la figura del “gay” no como identidad sino como resultado de necesidades creadas alrededor de una comunidad. Hilarante a veces pero también sombría, perturba los espejos con nuestra propia imagen, una consumista e autoindulgente imagen que insiste en que para poder creer en una utopía de la diversidad se tiene que dejar de ser crítico. Cuando The Divine David sube a un escenario, dispara brillantina, confeti y cuchillas.

  • Pacha Queer: Es un proyecto autogestivo y autofestivo que se embriaga y hierve desde las entrañas enrabiadas de la Pacha Mama propia de Quito. La disidencia como una respuesta cultural hacia las dinámicas neocoloniales de la normatividad, donde los cuerpos no se encasillan en una identidad, sino que están en constante tránsito y transtrucción, cuestionando todo binarismo importado e impuesto. Empiezan el discurso con un lenguaje inclusivamente guarro, descomponen la silueta al hacer de su presencia un constante collage del performance, donde lo criollo se fusiona con lo kitsch, pasan a la acción con rituales propios de una ancestralidad CUYr, de la cual no se regresa sin sentirse transtocadas.

  • Narcissister: Un performance coreográfico y lúdico donde se realiza una conmovedora aproximación hacia las percepciones que tenemos de género como fetiche y denominador social, la práctica de representación en si como labor que justifica la mera existencia. Un desenfrenado maniquí de muchos rostros compartiendo la misma corporeidad, todos tiene una feminidad singular con algo que decir y un ritmo al cual reclamar. Narcissiter hace de su obra una constante disfunción interpersonal donde el escrutinio y la absorción plantean el narcisismo como herramienta de cuestionamiento (¿Empoderamiento?, ¿Quizás?) y reflexión debido al autoconocimiento que este genera y como de este reflejo podemos ver las diversas capas que nos componen.

  • Coco Mey: Conocí a la Coco Mey durante las noches no tan lejanas de Buenos Aires, un viernes se introducía como un joven extrovertido e incluyente que te invita a bailar y al show donde se presentará el próximo viernes con sus colegas travestis. Te mandaba una ubicación por WhatsApp para que te preparabas con ellas a eso de las 7pm cuando la performance empezaba a las 11. Ya en el show era otra deidad, una envidiosa y afilada diosa que participaba en los bingos y los bailes donde se celebraba la monstruosidad que tantas veces el patriarcado trata de higienizar, generando gozo y admiración mientras te deleita con un clásico lip sync.

  • James St. James: Mítica y maravillosa, su nombre es ya un eje en el cine de culto y la literatura queer, después de dominar el mundo de los clubes nocturnos del Nueva York de los 80, con su manada de Club Kids quienes desde esa época diluían toda percepción estética mediante la una diversión sin frenesí, la cual llevo a su mejor amigo, Michael Alig a matar al dealer del grupo Angel Melendez y arrojara su cuerpo al Rio Hudson. James St. James concientiza desde el caos y comienza a escribir todas las memorias previas que con este colectivo habían vivido, los relatos mágicos y maliciosos crean un escenario donde nada es imposible en la función, bajo el emblema de “Fame Success Money Glamour…” ni siquiera la muerte.

  • Hija de Perra; PERRA! PERRA! PERRA CULIA! CONTRA EL ESTADO Y LA NORMATIVIDAD! Cuando pienso en Hija de Perra una Transformista nacida en el territorio denominado como Estado de Chile, estado que mediáticamente la invisibilizó y medicamente la mató, pienso en una constante guerrillera que resistía desde la posibilidad de intersección entre creatividad y sexualidad. Una irreverente académica, una actriz contranatura, una diseñadora de modas, que imponía un estilo que se pensaba desde lo anormal y lo pariah. Perturba y al mismo tiempo seduce como un Marques de Sade postmoderno que habita la periferia urbana, la cual no le sirvió como herramienta al ente regulador y por eso este lo mató. Hija de Perra es ahora un ícono del under latinoamericano, que inspira festivales y procesiones en las cuales una puede indagar y reflexionar desde la violencia y la normatividad.

Acá un discurso de la divina y desastrosa difunta.

Por Federico Dager C. – “Tibiezas”

 

 

 

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